dijous, 29 de maig del 2008
Reflexión personal tras la lectura del texto Cultos hasta la náusea
En el texto "Cultos hasta la nausea" se explica como existe una corriente democratizadora de la cultura bastante hipócrita en la sociedad y, bajo mi punto de vista, el escrito critica como se concibe como producto cultural sólo lo que está incluido dentro del mercado. "El afán expansivo de la cultura es un mero efecto de mercado". Pero, ¿hasta que punto existe una democracia cultural real? ¿Cualquier producto puede ser considerado cultura? Considero que si el mercado es quien hace la función de baremo para clasificar los productos en culturales o no se está cometiendo una discriminación. No hay democracia en ese sentido. Siempre han existido expresiones artísticas que han quedado al margen de lo que se considera cultura, productos que no han llegado a las masas por no cumplir con lo política o publicitariamente correcto. Pero incluso eso es bautizado con distintos nombres: arte marginal, arte minoritario... infinidad de términos para designarlo. Esto me hace recordar lo que hace unos años era la corriente musical denominada independiente. Se suponía que si escuchabas música así catalogada es que consumías un tipo de arte que se salía de la norma, no encontrabamos a esas bandas musicales en los 40 Principales, algunos lo llamaron incluso música no comercial. Pero aquello no fue más que una etiqueta porque si analizamos la evolución que ha sufrido esta música nos encontramos a día de hoy con festivales, conciertos, bares, discotecas de música indie. Incluso ya tiene un nombre más cool, indie. Ya está dentro de lo comercial. ¿Y qué es comercial? ¿Estar dentro del top-ten de la revista o programa musical de turno? Es hipócrita considerar que existe música no comercial, no catalogada como mainstream. Todo es mainstream. Todo está sujeto a las leyes del mercado en el momento en que alguien pone un valor económico a eso y otro paga por ello. Incluso el arte más marginal termina siendo captado por la corriente de la compra y venta. Cada fin de semana aparecen exposiciones de arte no convencional donde se paga una entrada para disfrutar de ello. No critico que sea así ya que es como está todo montado, pero no seamos ciegos, absolutamente todo tiene un precio tarde o temprano. Incluso un fanzine, es creado por sus autores y le sacan partido económico. Tal vez no lo encontramos en el Carrefour ni el Fnac, pero cuesta un euro que pagas a su creador. Incluso lo freakie se ha sido puesto en venta. Este adjetivo tiene muchas versiones, una de las opciones es aplicárselo a alguien que realiza actividades poco comunes y consume un arte determinado que se aleja de la corriente mayoritaria. Es por ello que el resto de populacho decide llamar a esa persona freakie. Pero el 25 de Mayo es el Día del Orgullo Freakie y cuando se acerca la fecha los centros comerciales dedican unas cuantas estanterias donde se puede observar y comprar material para los fuera de onda, los monstruitos, los freaks. Material que, dicho sea de paso, ha sido modificado y maquillado para que sea más atractivo para el público. Así que dejemos de catalogar a los productos como comerciales o no comerciales, dejemos de hablar del arte marginal o de masas. Porque todo llegará y dejará de ser algo desconocido y pasará a ser algo rentable para el autor y deseado por el consumidor. Entonces llegará otra corriente cultural neonata a la que volveremos a considerar marginal sin el respaldo suficiente, sin ser tratado democráticamente durante un tiempo. Y volveremos a empezar.
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