dimarts, 6 de maig del 2008

A veces pasa que voy a ver películas que no me llaman la atención

Tenía entradas para ir a ver a James con una amiga en la sala Razzmatazz, no fui. Tenía pensado ir a un concierto de unos alemanes muy especiales, no fui. Tenía pensado ahorrar para irme de vacaciones a Londres, me despidieron. No tenía pensado quedar con un amigo, quedé. No entraba dentro de mis planes ir a ver Elegy, la nueva de la Isabel Coixet, la vi. Y me pareció muy sosa. Nada nuevo. Nunca me fascinaron las películas de esta directora catalana que, para destacar una curiosidad estupida, fue la que ideó el anuncio aquel de "Cuerpos Danone". Con Mi Vida sin Mí me pegué un buen hartón de llorar por varias razones. Una de ellas es que me quito el sombrero ante Sarah Polley, la actriz que interpretaba a Ann en esa película. Porque es joven, porque es canadiense, porque interpreta (a mí parecer) genial, porque transmite... etc. Incluso en esa película me pareció desgarradora y tierna Leonor Watling. Tal vez también me tocó la fibra sensible el hecho de que fuera la historia de una chica que descubre que tiene cáncer, aunque he de admitir que en algún momento me pareció que se trataba de manera un poco sensacionalista también admito que la Coixet supo reflejar con bastante acierto la sensación que puede llegar a experimentar alguien que sabe que va a morir. Pero en esta ocasión Coixet eligió a Penélope Cruz. ¿Qué tengo en contra de la madrileña? Me cansé de verla haciendo el papel de seductora. Simple y llano. Tiene voz de pito ¿Es muy buena actriz? Pues no consigo captarlo. La veremos en el musical Nine, una adaptación de la película 8 y 1/2 de Fellini. A ver como canta... Volviendo a Elegy, aquí Penelope interpreta a la chica guapa y sexy de siempre. Consuela es una cubana universitaria que se liga al profe que no es otro que Ben Kingsley (Gandhi, Oliver Twist, La lista de Schindler, Inteligencia Artificial...etc). Kingsley está tremendo en su papel de maduro enamorado, inseguro, que no sabe cómo actuar para que el amor sea eterno con esta chica, un hombre que tiene miedo, que se confunde, que se martiriza tanto al conseguir como al perder a su amada. Hace poco escuché en El Séptimo Vicio de Radio 3, que el profesor David Kepesh se comporta con su alumna como si descubriera el amor cortés, en el que no se necesitan demasiadas palabras ni conexión intelectual para dar explicación al fluir de los sentimientos. Este amor le llega a Kingsley a una edad madura, en la que ya no encuentra interés en las mujeres de su quinta. En ese mismo programa de radio, una colaboradora opinaba que no se creía que alguien tan adulto y con la experiencia de un profesor cansado de tratar con amantes se enamorara como un crío. De una manera tan absoluta, pura e incluso para siempre. Llámenme ingenua, yo sí lo creo. A quien no me creo es al personaje de Penélope, demasiado frío, apasionado cuando toca pegarse el revolcón de turno, pero ni ahí me convence. Por otro lado, creo que Isabel Coixet debería tratar de cambiar de repertorio e intentar hacer películas en las que los personajes no fueran enfermos. Considero que es un recurso fácil y lacrimógeno. Y en esta película no me sirvió para emocionarme en la butaca. De todas formas está muy bien retratada la relación del profesor con su hijo, que al ser hombres descubren que son ambos igual de débiles. Por otro lado, la cantante de Blondie, Debbie Harry, aparece en dos ocasiones, aunque no da ni frío ni calor siendo este un hecho más anecdótico que destacable.

1 comentari:

Anònim ha dit...

A mí también me ocurre esto, sobre todo, mi poca estima a una actriz como Penélope Cruz, que entre ella, su hermana, su fama de ligona y el hecho de ser la "niña bonita" del cine español ha hecho que le coja manía. Posiblemente sea buena, tenga buena crítica, pero mira, yo no lo acabo de ver por ningún lado, así que ya es hora de que se apuesta por otro tipo de actores que seguro que siendo más humildes y desconocidos lo harían 100 veces mejor. Saludos!!